Sombreros de yarey cubrieron La Habana

Solapas principales

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Por: 
Granma

La Ley de Reforma Agraria se había firmado en la Sierra Maestra y los campesinos comenzaban a recibir sus títulos de propiedad de la tierra que durante años labraron. A la Revolución y a los campesinos los unían jornadas de heroicas luchas, por eso en justo homenaje, el Gobierno Revolucionario los invitó a estar presentes en la histórica celebración del primer aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, tras el triunfo de la Revolución.

El Movimiento Revolucionario 26 de Julio tuvo a su cargo la preparación, organización y el trasladado de los campesinos desde cada provincia hacia la capital del país, con el apoyo del Ejército Rebelde y de otras instituciones.

Se crearon siete subcomités para llevar a cabo tan hermosa tarea: transporte, vivienda, campamentos, recepción, alimentos, orden y propaganda.

A partir del día 19 y hasta el 24 estas comisiones se encargaron de procesar y transportar a los campesinos hacia La Habana, para lo cual antes les fueron entregadas tarjetas de identificación. Primero llegaron los de Oriente, Camagüey y Las Villas. Desde el sábado 25 los de Matanzas y Pinar del Río, así como los de La Habana, más cercanos a la capital.

Una avanzada de otros 7 000 procedente de Guantánamo, Yateras, La Maya, Antilla y de otras zonas orientales, inundó la terminal de trenes el lunes 20. Este contingente fue alojado en la Universidad y en Ciudad Libertad.

También ese mismo día, los responsables de la recepción informaron que unos 8 000 campesinos habían llegado por su iniciativa a La Habana, lo que aumentaba el número de ellos en la ciudad.

Para el día 21 estaba previsto el arribo del Comandante Crescencio Pérez en un convoy de cuatro trenes con unos 12 000 de La Plata, que se habían concentrado en Manzanillo.

Antes, el 16, Fidel había renunciado al cargo de Primer Ministro, ante la actitud asumida por el entonces presidente Manuel Urrutia de sabotear las leyes aprobadas por el Consejo de Ministros. En su lugar, el propio Consejo de Ministros ­eligió, por unanimidad, al doctor Osvaldo Dorticós Torrado, como nuevo presidente de la República de Cuba.

Tales acontecimientos produjeron un movimiento popular en apoyo a Fidel que se extendió por todo el país. Como parte del mismo, la ctc convocó para el día 23 un paro nacional de una hora de duración en demanda de que el Comandante en Jefe se reintegrara al cargo de Primer Ministro del Gobierno Revolucionario.

El periódico Revolución informaba el día 24 que ya se encontraban en La Habana 200 000 campesinos y que ese día llegarían 60 000 procedentes de Oriente, Camagüey y Las Villas.

Se utilizaron casi todos los medios de transporte disponibles, hasta caballos. Los habaneros abrieron las puertas de sus hogares a los campesinos para albergarlos. Los sindicatos, las escuelas, los ministerios, las fábricas, brindaron sus locales para recibir a tan ilustres invitados. Hasta el Capitolio Nacional, que albergó a 1 100, y el Salón de los Espejos del Palacio Presidencial, que dio abrigo a 130 de ellos, fueron empleados.

Hacía varios días que el Sindicato de Trabajadores de Víveres trabajaba en la Operación comida, destinada a recaudar fondos para adquirir 16 000 sacos de arroz, para miles de raciones.

Se organizaron, además, actividades recreativas y culturales para el disfrute de los campesinos. La Operación guayabera pretendía recaudar cientos de piezas de la criolla y fresca prenda de vestir para entregárselas.

Las compañías gasolineras donaron y entregaron más de 200 000 galones de combustible para emplearlos en el traslado de los campesinos. Todos de una forma u otra ayudaban al Gobierno Revolucionario a cumplir con la enorme tarea.

En La Habana, los «pintorescos turistas» rurales tocados con sombreros de yarey prácticamente colmaban las principales calles y avenidas. Cuando entraban a una tienda, o a refrescar en alguna cafetería, no los dejaban pagar. Lo hacían las personas que allí se ­encontraban, o los trabajadores del lugar.

Lo que más les llamaba la atención eran los grandes edificios, «donde se vivía como en un gran palomar», decía uno de ellos. Para otros los ascensores y las escaleras automáticas eran motivo de curiosidad. Un grupo se alarmó cuando uno de sus compañeros permaneció durante varias horas sentado en el muro del Malecón y no podían moverlo de allí. Sencillamente contemplaba el mar, que nunca había visto.

La experiencia de volar por primera vez la expresó un campesino camagüeyano que en 70 minutos aterrizó en La Habana: «Caray, más me demoro en ir al pueblo a caballo».

EL 26 DE JULIO

Los festejos por el 26 de Julio se iniciaron a las 10:00 a.m., con un desfile militar frente al Capitolio y luego un simulacro de un combate aéreo-naval frente al Malecón.

En la tribuna se encontraba Fidel, acompañado por el expresidente mexicano Lázaro Cárdenas, el senador chileno Salvador Allende, al que había invitado Raúl, extranjeros amigos de Cuba, así como los integrantes del Gobierno Revolucionario en pleno.

Desde el Castillo de la Punta, por todo el Paseo del Prado hasta cruzar frente al Capitolio, desfilaron unidades militares.

La Banda de Música del Estado Mayor del Ejército Rebelde inició el desfile. Le siguieron un batallón de infantería, otro de la Policía Nacional Revolucionaria y la Infantería de Marina. Tanques y carros mecanizados de las Fuerzas Tácticas de Occidente.

Cerca de medio millón de personas presenció el Desfile Militar que culminó con la Caballería Campesina Antonio Maceo, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos. También cabalgaron junto a Camilo, el Comandante William Gálvez y otros oficiales de esa victoriosa Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo.

Resultó todo un espectáculo la caballería, integrada por más de 2 000 campesinos villareños que habían partido de Yaguajay el día 15, en un recorrido de centenares de kilómetros venciendo el cansancio y las inclemencias del tiempo.

En la Plaza Cívica, hoy Plaza de la ­Revolución José Martí, la tribuna se situó en la terraza de la Biblioteca Nacional. Desde allí podía contemplarse algo nunca visto hasta ese instante: más de un millón de cubanos reunidos, apretadamente unos con otros, para manifestar su apoyo a la Revolución y a Fidel.

Y dentro de ese mar humano, muchos con sombreros de yarey, estaban presentes 500 000 campesinos procedentes de casi todo el país que alzaban y chocaban sus machetes jubilosos.

El presidente Osvaldo Dorticós fue el primero en intervenir en la gigantesca concentración y en un momento de su discurso expresó:

«Pero hay un clamor que brota de todo el pueblo, y quiero convertirlo aquí en consulta directa. ¿Desean ustedes o no que siga Fidel Castro al frente del Gobierno?».

El plebiscito estalló incontenible, alzándose hacia la altura. Ovaciones, agitar de sombreros, brillar de machetes al sol, un enorme «sí» haciendo estremecer el ambiente, fue la respuesta. Resolvió Dorticós: «Esta vez, por vez primera, manda el pueblo, que le ordena a Fidel cumplir su deber».

Cuando le tocó intervenir al Comandante Raúl Castro, anunció que Fidel había aceptado volver al cargo de Primer Ministro. Una multitudinaria ovación se escuchó en la Plaza. Volaron sombreros de yarey, chocaron los machetes y saltaron sobre sus pies millares de personas.

«Ahora sí podemos decir –resumió Raúl Castro, cuando aquella tormenta de entusiasmo amainó– “Gracias, Fidel”».

Seguidamente habló el expresidente Lázaro Cárdenas y Fidel resumió la histórica concentración popular. Cuando Fidel se levantó de su asiento y avanzó hacia los micrófonos, comenzó a escucharse una aclamación que poco a poco fue aumentando su volumen. Más de un millón de personas daban vítores a Fidel y a la Revolución.

Fuentes:

Periódicos Revolución y Hoy, julio de 1959.

Revista Bohemia, 2 de agosto de 1959.

Publicado: 
Friday, July 26, 2019 - 13:15

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